Bandas de rock & metal que me cambiaron la vida (I).

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Como diría David Bueno, el arte es una de las cosas que nos hace humanos. Y una de las artes más antiguas que existe es la música. Como a los antiguos homínidos hace centenares de miles de años, durante toda mi vida la música me ha definido como persona: pop, rock, jazz, clásica… pero, quién sabe si por casualidad o por las amistades que me han rodeado a lo largo de los años, el heavy metal y sus variables es la música que más me ha acompañado desde que era prácticamente un niño.

Vayan por delante dos matices a este post. El primero es que el mero hecho de elaborar una lista de «los mejores discos…», «las mejores bandas…» ya es, de por sí, un sacrilegio: soy consciente de que me voy a dejar álbumes y bandas importantísimos en la historia de la música (AC/DC probablemente sea la ausencia más notoria, pero no la única, también muchos echaréis en falta a Led Zeppelin, Rush, Yes, Megadeth, Motorhead y otro muchos). En mi defensa, diré que esta lista no es una lista de cuáles son las mejores bandas ni sus mejores discos, es algo completamente personal sobre la música que fue marcando mi vida a lo largo de los años.

El segundo matiz está en el título: ¿a qué me refiero exactamente con «rock & metal»? Pues la verdad es que ni yo lo sé. Hay tantísimas variedades dentro de esta acepción (hard rock, heavy metal, NWOBHM, power metal, metal sinfónico, black metal, thrash, gótico, epic metal, progresivo, psicodélico, death, nu, groove…) que yo mismo me pierdo, hasta el punto que parece que hay un estilo por cada banda existente. La cuestión es que en cierto momento de mi vida prácticamente me topé con cierto estilo de música cuya técnica, estructura, melodía, letras… me parecieron algo más que solo el «ruido» que mucha gente me decía que era, y empecé a adentrarme en él, a pedir vinilos (y luego CDs) por mis cumpleaños… hasta que acabó forjando mi paladar musical, mi personalidad y, en definitiva, mi vida.

Al principio pensé en centrar este post en álbumes que han marcado mi vida, pero pronto me di cuenta de dos cosas: la lista iba a ser enorme y algunas bandas iban a sobresalir mucho sobre el resto porque tienen varios álbumes más que brillantes. Total, que acabé optando por centrarme en los grupos y, ahí ya sí, recomendar el disco o discos más brillantes para mi gusto. Por cierto, y hablando de «mi gusto», este post no intenta ser un debate: se trata de mi gusto y punto, de las bandas y discos que más me afectaron en un momento u otro de mi vida. Si creéis que faltan, o sobran, lo podéis decir, pero con respeto, por favor. Como he escrito más arriba, soy consciente de algunas ausencias importantes, y seguramente merecerían estar en cualquier lista, sencillamente no me marcaron lo suficiente.

Y, como creo que ya está bien de rodeos, empecemos con lo que de verdad vale la pena, que es la música. Allá vamos.

  1. Use your Illusion I (Guns n’ Roses, 1991) – Con ellos empezó todo

La historia de Guns n’Roses es una historia llena de excesos y polémicas, además concentradas en un brevísimo espacio de tiempo, entre 1987 y 1991. La banda sigue vigente, pero prácticamente con el único objetivo de dar conciertos de una calidad más que discutible y ganar dinero, poco más. Para hacernos una idea, de sus seis discos de estudio (sí, solo seis), cuatro de ellos se publicaron entre los años indicados más arriba: el quinto es de 1993, y el sexto de 2008.

Pero pese a su reprobable actitud en muchos aspectos a lo largo de toda su historia, lo cierto es que el período mencionado (entre 1987 y 1991) puede considerarse uno de los más brillantes de la historia a nivel de creatividad musical, hasta el punto que muchos de sus temas se han convertido en clásicos que la gente, no necesariamente rockera, tararea y baila en discotecas y conciertos de bandas tributo. «Welcome to the jungle», «Sweet child o’mine» o «You could be mine» son solo algunos ejemplos de lo mucho que fueron capaces de hacer estos chicos de Los Ángeles.

Yo los conocí de casualidad, escuchando «Los 40» en la radio a los once años. A los compañeros de colegio nos gustaba la música, incluso algunos tocábamos algún instrumento… pero todavía no había escuchado casi nada de heavy metal en mi vida. La cuestión es que, de repente, empezó a sonar una canción que me llamó la atención inmediatamente por su ritmo, melodía y, por supuesto, la agudérrima y quebrada voz de su cantante. Era «You could be mine», la cual, además, dijeron, estaba dentro de la banda sonora de Terminator II, que yo me moría por ir a ver.

Pero, ¿por qué he elegido Use your Illusion I, y no Use your Illusion II, que es donde está ese temazo? Pues en realidad, por dos razones. La primera es que fue el primer disco de Guns n’Roses que me compre, y la historia tiene guasa. Resulta que yo no sabía que había dos Use your Illusion, y tampoco sabía que la canción que había escuchado en Los 40 era «You could be mine», de manera que fuí a la tienda, pregunté por el disco que sonaba en la radio, me señalaron este, y lo compré, sin más (lo cual era una verdadera aberración, porque en aquel tiempo conseguir las más de 2.000 pesetas -12 euros- que costaba un vinilo era toda una odisea). Cuando llegué a casa y lo puse, sufrí una gran decepción al no escuchar mi tema favorito del momento, pero ya era tarde: tendría que esperar algunos meses más para volver a ahorrar para el siguiente disco que, ahora sí, fue Use your Illusion II.

La segunda razón es que en el álbum se encuentra el temazo de los temazos de la banda californiana: «November Rain». Este tema es una obra maestra donde las haya. Y el videoclip, ya puestos también. En definitiva, si durante los últimos treinta y cinco años has estado encerrado/a en una cueva y no conoces a Guns n’Roses ni su disco estrella, puedes adquirir el CD a través de Amazon en este enlace (también encontrarás otras opciones, como la versión en vinilo, versión extendida, remasterizada, etc.)

2. Master of Puppets (Metallica, 1986) – La consagración

Lo mío con Metallica es una auténtica historia de amor. De pequeño tocaba el piano, pero poco a poco lo fui dejando, hasta que unos amigos del colegio decidieron montar una banda a princiopios de los 90 y me llamaron. En aquel entonces tenía un teclado que daba pena, pero por estos amigos fui conociendo los grupos heavy más punteros del momento, tanto a nivel internacional (AC/DC, Iron Maiden, Black Sabbath…) como nacional (Rosendo, Barricada, Burning, Sangtraït…) De nuevo por casualidad, durante un viaje que hicimos por motivo de un evento deportivo, el día que volvíamos a casa paramos en El Corte Inglés de Palma de Mallorca para matar el tiempo. Como no nos habíamos gastado prácticamente nada del dinero que nos habían dado nuestros padres para el viaje, podíamos permitirnos un capricho, de manera que nos dirigimos a la zona de música para comprarnos una cinta de cassette cada uno. Los dos nos compramos una de Metallica cada uno: él el Kill ‘em All, y yo Master of Puppets.

El tiempo pasó, perdí amigos, gane otros, me empezaron a gustar otros tipos de música, empecé el instituto… y, de nuevo, un amigo de un amigo me llamó para que tocase el teclado en un grupo heavy que estaban formando. Y ahí sí, esa fue mi consagración como el «metalero» que nunca he dejado de ser. La verdad es que éramos bastante malos, y que el teclado, al tocar canciones más bien clásicas, participaba más bien poco, pero la banda me sirvió, además de para encontrar al grupo de amigos que todavía, más de treinta años después, me acompaña, para hacer del amor por el heavy metal (y derivados) más que un gusto musical, una forma de vida. Creo recordar que tocábamos dos temas de la banda («For whom de bell tolls» y «Nothing else matters»), pero puede que fueran más.

Es cierto que Metallica ha decaído mucho, por lo menos desde el punto de vista creativo (siguen en activo y por lo visto suelen ser igual de buenos en vivo, aunque por otro lado acabo de ver que los próximos veintitantos conciertos van a ser en Las Vegas, a lo Celine Dion, y las entradas más baratas salen al módico precio de 500 dólares): de sus once álbums de estudio, los cinco primeros fueron en ocho años (entre 1983 y 1991), mientras que en sus treinta y cinco años de historia restantes solo han sacado seis más, y alguno de muy (pero que muy) pobre factura.

En definitiva, ¿por qué Metallica, y por qué Master of Puppets? Pues Metallica porque son historia viva del heavy metal, porque en su momento revolucionaron el concepto y con Metallica (también conocido como The black album) supieron acercarse a las masas sin perder del todo su esencia, porque fueron pioneros en varios aspectos (por ejemplo en dar un concierto acompañados de una banda sinfónica)… Y Master of Puppets porque es su mejor disco y punto. Tiene algunos de sus temas más complejos y elaborados (como «Master of Puppets» «Welcome Home (Sanitarium)» o «Orion»), y porque es su último álbum de estudio con Cliss Burton, su bajista originario. Nunca más han vuelto a crear nada que se le acerque. Como por aquella época aún no tenían ningún videoclip (el primero fue «One», de su siguiente disco), os dejo un vídeo de este tema del disco en vivo S&M.

Puedes obtener el CD (o cualquier otro formato) de Master of Puppets a través de Amazon en este enlace.

3. Seventh son of a seventh son (Iron Maiden, 1988) – el auténtico heavy metal

Hablar de heavy metal es, sin ningún lugar a dudas, hablar de Iron Maiden, quizás la banda más mítica en este estilo. Todo en ellos es absolutamente genuino e inconfundible: sus riffs de guitarra, su estética (con el entrañable Eddie siempre presente), sus melodías, su voz… el grupo fue fundado por el bajista Steve Harris en 1975, al que pronto se unió el guitarrista Dave Murray. Tras varias idas y venidas, su formación más mítica es la de Steve Harris (bajo); Dave Murray, Adrian Smith y Jannick Gers (guitarras); Nicko McBrain (batería, recientemente retirado) y Bruce Dickinson (voz). Verlos en concierto es un verdadero lujo para los amantes de la música, y la calidad y el espectáculo están absolutamente garantizados.

Iron Maiden tiene un total de diecisiete álbumes de estudio, los catorce primeros publicados entre 1980 y 2006, lo que significa que durante este período de tiempo publicaron a un ritmo de más de un álbum cada dos años. Pero lo mejor no es su frenético ritmo creador, sino la calidad de dichas creaciones durante un período de tiempo muy dilatado: de los catorce primeros discos por lo menos once son de una bellísima factura. Aunque sus dos primeros álbumes son muy buenos y tienen algunos temas clásicos que siguen siendo tocados en concierto por la banda (como «Iron Maiden» o «Running Free»), sin duda la llegada del vocalista Bruce Dickinson en 1981 marcó un antes y un después. The number of the beast (1982), primer disco con Dickinson en la banda, fue el primero en alcanzar el nº1 en ventas en Reino Unido.

A finales de 1982 entraría a la batería Nicko McBrain, y con él en Iron Maiden empezó una época en que la banda entraría definitivamente en el Olimpo del metal. De los cuatro álbumes que grabaron entre 1983 y 1988, tres de ellos son, para mí, los mejores: Piece of Mind (1983), Powerslave (1984) y Seventh son of a seventh son (1988). Posteriormente, primero Adrian Smith (substituido por Janick Gers) y luego Bruce Dickinson (substituido por Blaze Bailey) abandonarían Iron Maiden, para volver unos cuantos años más tarde para dejar al grupo en su formación definitiva con tres guitarras (Bailey fue expulsado, pero Gers se quedó) hasta la retirada de Nicko McBrain en 2024 por problemas físicos propios de la edad.

Para mí, aparte del gran nivel de todos sus componentes y su inigualable carisma, lo que hace de Iron Maiden un absoluto emblema del heavy metal son dos cosas: la fidelidad a un estilo y el cómo se han sabido adaptar a los tiempos. Si en los 80, siendo ya una banda consagrada, la música metal estaba restringida a salas de suburbios, pavellones deportivos y festivales en descampados, a partir de la década de 2010 se convirtió en un fenómeno de masas capaz de llenar estadios con las entradas a precios desorbitados pero, eso sí, ofreciendo un espectáculo de luces, sonido y atrezzo a un nivel apoteósico e inigualable. Con todas las connotaciones negativas que conlleva esto último, la verdad es que hay que reconocer que Harris y compañía han sabido moverse muy bien comercialmente hablando.

¿Y por qué Seventh son of a seventh son? Pues porque para mí supone la cima de su carrera a nivel artístico, porque el disco es un clímax musical contínuo de principio a fin, porque contiene el que es mi tema favorito de la banda («The evil that men do»)… y también porque, por si alguien no lo sabe, el disco está inspirado en una de mis novelas favoritas: El séptimo hijo (1987), primer título de la saga de Alvin Maker, del autor Orson Scott Card. Puedes adquirir el CD de Seventh son of a seventh son en Amazon a través de este enlace.

Guns N’ Roses, Metallica, Iron Maiden: tres nombres, pero un solo hilo conductor, el de una banda sonora que empezó siendo pura casualidad —una cinta comprada por error, un cassette elegido casi al azar en un centro comercial— y acabó convirtiéndose en parte de quien soy. Tres discos, tres recuerdos que, más de treinta años después, todavía suenan como el primer día.

Y esto no ha hecho más que empezar. En la próxima entrega seguimos tirando del hilo, escarbando en la colección de cintas, vinilos y CDs que, banda a banda, disco a disco, fueron forjando al metalero que sigo siendo hoy.

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