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En el anterior artículo aconsejaba a personas aficionadas a la literatura acerca de lo que, bajo mi punto de vista, podía ser una buena forma de introducirse en la lectura de Haruki Murakami a través de tres de sus novelas, dos de ellas escritas en sus inicios y más breves y asequibles (sin ser por ello menos buenas), y la tercera más compleja y extensa, con la que comenzábamos a explorar ese estilo que tanto define al autor japonés, definido como «realismo mágico posmoderno» por algunos o «surrealismo cotidiano» por otros.
En este, el segundo de la saga, hablaremos de tres novelas más, en esta ocasión todas ellas dentro de un estilo similar, genuinamente murakamiano, pero a través de las cuales a la vez se puede apreciar la evolución y el proceso madurativo del autor. Son obras para leer con calma, para saborear en profundidad, para adentrarse en esa frontera entre lo real y lo onírico en la cual los personajes se mueven con total naturalidad, como si hablar con animales, que en el cielo haya dos lunas o que un pozo te traslade en el espacio-tiempo fuese lo más normal del mundo. Empecemos:
El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas (1985)

¿De qué trata? Esta es una novela divida en dos, donde los capítulos impares (El despiadado país de las maravillas) están ambientados en un Tokio futurista a lo «ciberpunk», donde un informático se ve envuelto en una red de conspiraciones entre el gobierno y una serie de organizaciones clandestinas en su lucha por el control de la información, mientras que los pares (El fin del mundo) se sitúan en una misteriosa ciudad amurallada en la que los visitantes se ven despojados de su sombra y sus recuerdos.
¿Por qué leerla? Porque es la primera gran inmersión en el surrealismo por parte de Murakami (aunque ya había dado pinceladas de elementos sobrenaturales en alguna novela anterior); por su estructura, tan original como adictiva, que hace que sea casi como dos libros en uno; porque te hace reflexionar sobre la identidad del ser humano, y en lo que nos quedaríamos si no fuera por nuestro pasado ni nuestros recuerdos.
¿Por qué es importante? Porque, si bien es cierto que en su momento fue considerada una novela muy ambiciosa por parte de un Murakami todavía joven (es dos años anterior a Tokio Blues), en ella aparecen elementos que se irán repitiendo en novelas posteriores (ciudades amuralladas, bibliotecas…), y porque tiene una prosa realmente bella (quizás gracias a la buena traducción de Lourdes Porta). Aunque no es imprescindible, te recomiendo leerla antes de La ciudad y sus muros inciertos, donde nuestro autor vuelve a ciertos temas con más madurez. Solo como curiosidad, este libro no fue traducido al castellano hasta 2009, es decir, veinticuatro años después de su publicación en Japón, lo cual demuestra el desconocimiento que existía en nuestro país de la obra de Murakami antes de Tokio Blues. En cuanto al título, es un homenaje al clásico de Lewis Carroll, y eso se puede ver en algunos paralelismos, como el ascensor que lleva a unos de los protagonistas al inframundo con clara referencia a la madriguera a través de la cual cae Alicia, un científico viejo y extravagante que es el alter ego del sombrero loco.
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Crónica del pájaro que da cuerda al mundo (1994)

¿De qué trata? El gato de Toru Okada, un abogado que acaba de dejar su trabajo, ha desaparecido, y su mujer insiste en que le busque. De esta manera, el protagonista deambulará por el barrio conociendo lugares extraños y personajes de lo más extravagantes, hasta que su propia mujer también desaparece, en teoría porque se ha fugado con otro hombre. La novela se va convirtiendo poco a poco en un viaje entre lo real, lo onírico e incluso el más allá, en la que Toru Okada intenta desentrañar verdades ocultas sobre su propia existencia y la de su familia política para así poder salvar su matrimonio.
¿Por qué leerla? Porque son 900 páginas del más puro estilo Murakami. Pese a ser una de sus novelas más largas (la tercera en longitud, para ser exactos), lo cierto es que te abstrae, te hipnotiza desde el primer momento por la genialidad que demuestra una vez más el autor por situarse de una manera tan natural entre lo real y lo irreal. Y porque en ella aparecen muchos de los fetiches del genio japonés: gatos, chicas adolescentes, lugares (en este caso un pozo) que sirven de portal hacia el mundo de lo onírico, matrimonios en crisis, muerte, soledad… incluso conoceremos al misterioso señor Ushikawa, al que volvermos a ver en 1Q84.
¿Por qué es importante? Porque es el punto de no retorno de Murakami hacia el surrealismo. Tras una época en la que fue alternando estilos, Crónica del pájaro… es la obra que mejor definirá el estilo posterior del escritor. Porque es la última novela de Murakami escrita «desde el exilio» al que le llevó el éxito de Tokio Blues. Como curiosidad, el título de la novela se debe a que el protagonista y su mujer bromeaban acerca del canto de un pájaro que habitaba en los alrededores de su casa, diciendo que parecía que daba cuerda al mecanismo del mundo, para que este continuara funcionando. Por detalles como el de Ushikawa, comentado anteriormente, se recomienda leer este libro antes de 1Q84.
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1Q84 (2009)

Atención… redoble de tambores, que se enciendan los focos y reine el silencio: estamos ante una de las grandes joyas de la literatura contemporánea, para mí una de las mejores novelas de la literatura universal en lo que llevamos de siglo. Es como si Murakami hubiese estado esperando toda su vida para escribir esta gran obra (nunca mejor dicho lo de «gran», ya que, en su conjunto, supera las mil páginas de extensión).
¿De qué trata? La novela está estructurada en tres actos, los dos primeros publicados en un tomo o ejemplar y el tercero en uno aparte (quizás este sea su único fallo). Se ambienta una vez más en Tokio, en un 1984 alternativo, y narra la historia de sus dos protagonistas, Aomame y Tengo. Aomame es una instructora de artes marciales de día y asesina a sueldo de maltratadores de noche, y Tengo es un profesor de matemáticas que sueña con ser escritor y recibe el encargo de reescribir una misteriosa novela. Sus vidas se entrelazan a través de una secta que persigue a ambos: a ella porque sus asesinatos la acaban salpicando (a la secta), y a él porque el libro que tiene que escribir resulta contener mucha información real que la comprometería. Al conocerse, recuerdan que se gustaron mutuamente cuando eran niños.
¿Por qué leerla? Preguntar por qué leer 1Q84 es como preguntar por qué ver «El Padrino», por qué visitar el Louvre o por qué escuchar «Dark side of the Moon». Pues, sencillamente, porque hay que tener esa experiencia. La novela fusiona, resume y profundiza en todas las cualidades que hemos visto en Murakami hasta ahora: la estrecha frontera entre lo real y lo onírico a través de portales de conexión (en este caso, la repentina aparición de dos lunas en el firmamento), la soledad, la muerte, los primeros amores, los gatos, las ciudades de las que no se puede salir…, y lo hace de una manera deliciosa e inigualable.
¿Por qué es importante? Porque, para mí, supone la máxima expresión (junto con Kafka en la orilla) del estilo «murakamiano», representa el cénit de su obra. Porque está tan cargada de simbolismo que a veces abruma: obviamente, es un homenaje a Orwell, y eso se va viendo a medida que lees, como por ejemplo en el paralelismo entre el Gran Hermano y la «Little People», en los amores prohibidos de los protagonistas, en las habitaciones o apartamentos como refugio… Como curiosidad en lo que respecta al título, la letra «Q» en japonés se pronuncia igual que el número 9, pero, además, la «Q» es la letra inicia del «question» en inglés, es decir, es como si Murakami hubiese puesto un signo de interrogación.
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Si ha llegado hasta aquí, casi casi podemos decir que eres una persona experta en Haruki Murakami. El fin del mundo… fue nuestro primer paso, atrevido e innovador, donde el autor comienza a explorar los límites entre lo real y lo imaginario. Crónica del pájaro… supone el punto de no retorno, donde Murakami se compromete completamente con su visión surrealista, profundizando en temas que se convertirían en marca de la casa: ciudades amuralladas, gatos, adolescentes misteriosas, portales oníricos… Y, finalmente, 1Q84 es la culminación, la obra maestra donde todo confluye, donde el autor ha alcanzado su máxima expresión.
Personajes como Ushikawa conectan estas novelas de forma casi invisible, elementos como los gatos y los pozos reaparecen una y otra vez, y la frontera entre lo real y lo irreal se vuelve cada vez más difusa. Pero quizás lo más importante es que, al terminar estos tres libros, habrás experimentado no solo la evolución de un autor, sino también tu propia transformación como lector. Porque Murakami no escribe para entretener; escribe para que comprendas que la realidad es mucho más extraña, más bella y más misteriosa de lo que imaginabas.
